24 abr. 2017

Título: 1,991 (relato de mi próximo libro)


“Es la danza de los Cristales, danza de los cristales…”, la música de Narcosis sonaba fuerte por los audífonos de su walkman que llevaba caleta en la mochila. Era parte de una selección musical en casete que había heredado de su tío George antes que éste sea enrolado en el ejército como escarmiento por hacer música subterránea.

El viento que ingresaba por la ventana del bus despeinaba su melena. Su destino era los Barrios Altos. Siempre el mismo recorrido visual desde donde salía: la casa de sus padrinos en Lince. El bus primero recorría La Victoria y observaba la unidad vecinal de Matute, sus vericuetos, las calles con nombres de países europeos: Francia, Italia, Bélgica. La avenida Méjico y sus mecánicos ambulantes, rateros camuflados entre la gente, bulla, dióxido de carbono. Luego ingresaba por Abtao rumbo a Gamarra y de ahí a la Avenida Grau. Desde ese momento, él ya sabía que estaba cerca del Hueco, entonces la tensión le invadía y empezaba una historia en la que siempre solía ser el protagonista. Monologaba y reía por detrás de sus dientes.

Estaba yendo a comprar hierba. Tenía veinte soles y amigos/clientes que le esperaban en el parque, a espaldas de su casa, para fumar tronchos y comprarle pacos de cinco lucas o diez, en el mejor de los casos. Todos ellos le alucinaban porque siendo chibolo se iba al hueco a comprar una buena cantidad de hierba, exponiéndose a rateros, tombos, y delincuentes que abundaban en los alrededores.

Eran las seis de la tarde cuando subió al bus. Solía ir a comprar por las mañanas pero en esa ocasión le retrasó un almuerzo de mediodía en casa de sus padrinos, que se prolongó hasta entrada las 5 de la tarde. Aquella vez le dieron 40 soles de propina. Era 3 de noviembre de 1991 y tenía 17 años. Tenía también varios litros de alcohol en la sangre. Se llamaba Omar pero le decían Maixs, y aquella vez iba repleto de confianza porque aún era menor de edad aunque no lo aparentara, cargaba orgulloso su libreta militar de la FAP (Fuerza Aérea del Perú), y además conocía bien la zona porque enfrente del Hueco vivía su amiga y ex enamorada, Charito.

Cuando el bus entró por el Jr. Huanta, Maixs saltó y le gritó al conductor, Bajo, bajo.

Una vez dentro del Hueco saludó al aire y después fijó su mirada en el diler al que llamaban El Galán. Pasa sobrino, le contestó del otro lado. Él pidió veinte soles de ganja con dos dedos y un puño cerrado. Había gente tomando cerveza en el solar. Las risas, las cervezas, y los tiros eran flashes del inframundo. El toro, un ex convicto por violación y robo agravado le miró con ganas de tirarlo al piso y darle violarlo. Maixs intuyó sus intenciones y por eso operó rápido, no festejó sus chistes, respondió con frialdad pero respeto a quién le preguntara algo, cualquier cosa, haciendo la finta de que no era menor de edad por más que ya se lo hubieran preguntado. No recibió el vaso con cerveza que le invitaron porque puso como excusa que estaba medicado.

El Galán salió de su cuarto y lo llamó a un costado. Le entregó el paco que más parecía un ladrillo de construcción y le dijo, por si acaso tengo coca… Recibió el paco, le guiño un ojo y se despidió. Al salir no miró a Toro. Sólo alcanzó a decir, ahí nos vidrios.

De pronto un viento frío lo envolvió y se regresó. Conchasumadre, un tombo, se dijo. El Galán le gritó desde el fondo, ¿qué pasa sobrino? Un tombo, le respondió Maixs. Anda no más, no pasa nada. Todo está en orden. Entonces Maixs barajó la posibilidad de que el Galán era tan mierda que le importaba un carajo lo que el tombo hiciera con él ni bien lo pescara saliendo del solar. El Toro le llegó a decir, si gustas te quedas, chibolo, sacándole la lengua y repasándola por sus labios secos de tanta coca mezclada con PBC. Él se rió por detrás de los dientes. No dijo nada. Quedó inerte, miró la calle, miró a la gente y entonces divisó a un ángel en la vereda de enfrente. Ese ángel tenía el nombre de Charito.

Se mando y cruzó el umbral. El tombo lo miró con ganas de detenerlo pero desistió al verlo saludar con un beso en los labios a la vecina más linda del barrio, de apenas 16 años, una de las chibolas más deseadas de aquella parte de Barrios Altos pero intocable por la buena reputación de sus padres. Vestía un short blanco que traslucía los pliegues de su calzón rosado; llevaba puesto un top y botines reebok color negro.

Charito se sorprendió al verlo y más aún por el saludo, percibió su angustia por encontrar buen recaudo. Qué pasa, Maixs, le preguntó sorprendida, excitada, y a la vez feliz. Vamos a tu casa, le dijo susurrando. Qué, así no más porque sí. ¡Vamos, pues!, contestó sonriendo y con un brillo en sus ojos como si reventara en fiebre.


***

Charito era tranquila como su familia, una familia impregnada de bohemia, esas en donde las conversaciones se cruzan con los frejoles con seco, harto rocoto y cerveza al polo. Todo enmarcado por música criolla, negra, salsa sensual. Ella no tomaba ni tampoco fumaba nada de nada. Era aplicada en los estudios, coqueta, sexy. le encantaba ver películas en idioma francés e italiano. Bien por ella, siempre me decía Maixs cuando, todo necio, me maldecía de no poder amarla como amaba a Valeria. Las chicas juergueras de los Barrios Altos siempre acababan mal. Salvo contadas excepciones, como ella. Estudiaba francés y el inglés lo había aprendido en su colegio, La Salle de Breña. Su padre tenía una bodega y su madre era profesora de matemáticas.

A sus padres les encantaba verlo llegar por casa, aunque siempre lo hacía a cada muerte de un obispo. Ella no paraba de hablar de él, de su afición por los cuentos de Cortázar, y les recordaba ese relato del hombre que vomitaba conejitos, también ese relato de los hermanos que terminaron expulsados de su casa por aquellas vibraciones que provenían desde adentro. Entonces Maixs bebió cerveza helada, comió carapulcra, y luego de un par de horas decidieron salir al patio para luego terminar besándose en la semi oscuridad de la quinta, debajo de una escalera larga y empinada. Maixs pasó sus manos por debajo de su short, luego le bajó la bragueta, le corrió el calzón, pasó los dedos por su vagina, acarició sus nalgas. Ella se repuso, le bajó el cierre del pantalón, se puso en cuclillas, se la corrió y luego se la besó, lamió, y chupó varias veces hasta mordérsela con delicadeza y hacer una pausa para ver su rostro inundado de placer. Le sonrió y siguió chupándosela. Nadie se dio cuenta de lo que hacían porque todos estaban celebrando en medio del calor del verano y de una guerra interna que carcomía a la ciudad, al país, a cada hogar.

***

Por la TV se sabía que el grupo terrorista Sendero Luminoso había tomado algunas zonas de la ciudad incendiada por el no futuro y el miedo. Nadie sabía cuántos senderistas infiltrados estaban en las calles. Los apagones y levas eran una constante. Por esas razones sus amigos no se atrevían a ir a comprar hierba y preferían comprar paquitos en Salamanca, de dos a cinco soles. Pura basura. Más es lo que gastabas en una ponzoña barata que en una roja de los Barrios Altos. Y Maixs prefería arriesgarse, comprar veinte soles, sino un cuarto de kilo, y vender al por menor. Ganar 80 soles promedio entre semana, sin contar que su consumo le salía gratis, y las chicas venían a su casa a escuchar música cuando no estaba su madre. Solían fumar y tomar cervezas. No tenía hermanos y su padre había fallecido años atrás víctima de la onda expansiva de un “coche bomba”.

***

Por las conversaciones con su madre, quien era activista social de izquierda, sabía que el Perú era un país dividido por la mediocridad de su clase gobernante. La policía era un servicio privado. El trabajo – Maixs me decía que esperaba no trabajar nunca más que para sí–  era siempre mal remunerado a menos que tuvieras una buena vara o un padrino. Su madre le dejaba siempre fotocopias anilladas de libros de Gonzáles Prada, Basadre, Flores Galindo, Ribeyro o Arguedas, con la lejana intención de que despertara de su supuesto adormecimiento producto de tanta hierba. Por ello nos volvimos amigos, porque encontramos en la hierba el perfecto refugio para evadir que nuestras familias, así como nuestra patria, estaban rotas, quebradas, como el espejo de casa.

Teníamos que hacer algo pero no sabíamos exactamente qué mierda. Por eso fumábamos.

Nuestra mente no pensaba en el futuro. Pensábamos en el hoy solamente. Y ese hoy era fumar, escuchar música, montar skate, leer comics, revistas de skaters famosos, salir con chicas, tener plata para tomar chelas y pasarla bien en San Bartolo, Punta Hermosa o Punta Negra. No queríamos pensar en otra cosa porque sino nos deprimíamos, y eso no queríamos más en nuestras vidas. Maixs ya había pasado por eso cuando su padre murió y su madre tuvo que cambiarlo de un colegio ficho de San Isidro a una ratonera del barrio de Salamanca. Aunque esa ratonera le haya hecho un hombre feliz porque ahí conoció a Valeria y a su prima Charito. Sabía lo que quería y también lo que no para su vida. Y nadie nos iba a engañar con el brillante futuro que nos esperaría yendo a la universidad y cambiando nuestro círculo social. No. Si nuestro barrio era un microcosmo de lo que era el país, entonces sabíamos que en Latinoamérica, Perú, Lima, Salamanca, no había futuro más que este presente hijo-de-puta que se te escapa de las manos cuando quieres retenerlo, como él quiso retener alguna vez a Valeria. Valeria, ¿qué será de ti?, pensaba Maixs siempre que estaba duro. ¿Por qué mierda dijeron que habías dejado a tu banda de rock para irte con las mujeres de Sendero?

***

Sus manos estaban acariciando la entrepierna húmeda de Charito cuando de pronto escuchó gritos de terror. Un estallido, una conmoción, tensión total. Ambos salieron discretamente a la entrada del solar. Entraba y salía gente del solar de enfrente en medio del caos. Hombres con pasamontañas abordaron una camioneta. Uno de ellos se detuvo, miró a Maixs fijamente, le apuntó y gritó, ¡qué miras conchatumadre!


En ese preciso momento entendió todo acerca de esa guerra de la que tanto hablaba su madre, y seguro, querido Maixs, tuviste miedo. Entendiste que jamás te irías a recuperar de eso. Él se vio de repente embarrado en sangre, sintió lo caliente de aquel líquido viscoso y observó cómo el cuerpo de Charito se desvanecía mirándole, quieta, enamorada, con los ojos bien abiertos, perdidos en la nada, sujeta aún de sus brazos. Era la primavera del 91, y ella tendrá 16 años para siempre, y sin el corazón del chico con el que siempre quiso estar pero que su prima se lo arrebató en un soplo escolar. Había un niño llorando a su padre, sentadito y empapado en rojo oscuro. Pronto también dormiría para siempre. Una señora le pidió ayuda y también se desvaneció. 


30 dic. 2016

Un obsequio para mis queridxs cibernautas

SILENCIO
Las lámparas ahora son azules
En medio de la madrugada sin estores
El tic tac del reloj
El gato negro durmiendo en la entrada de casa
Naná en el futón
El tic tac del reloj
Los ladridos de los perros salen del libro de Rulfo
El sonido del roce con el edredón de plumas
Mi respiración
Las ventanas vecinas son personas que nos contemplan
Como las ojeras de mañana
De un film que ya rodé
Mientras me huelo los dedos de miel
Por todos lados estás tú
Silencio
Ay silencio
Mi mente es un castillo de arena movediza
El tic tac del reloj
Me pierdo en medio de jitanjáforas
De tus muslos cansados
De tu sonrisa de comercial de pasta dental
La disciplina del silencio
Las lámparas azules
Los libros se abren solos
Entonces nos besamos
Delante de los edificios.

Mi más reciente cortometraje MÚSICA DE CÁMARA.

6 nov. 2016

Poesía (trabajos recientes)

1

Te escribo con lápiz
otras veces con lapicero
algunas otras
con tinta negra
a veces con azul ultramar
pero en todos los casos
te escribe el mismo cuerpo
en el que habita un alma
que lucha con su piel
cada mañana
tratando de continuar filmando
a una mujer que no deja de correr
y de cuando en cuando
hacer un fundido a negro
y al volver
estar entre sus piernas
escuchando jitanjáforas.

2.

¿Qué pretendes papel en blanco?
me miras y me carcomes
me contemplas esperando que mis dedos se rindan sobre tu piel
¿qué pretendes sombra con cuerpo de gata con sueño?
me miras y me carcomes
me raspas con tu lengua rosada
me miras nuevamente
¿qué pretendes ahora de este cuerpo maltrecho?
no te puedo amar si no termino esta canción sin final.

3.

Mi nombre es Jorge Luis Chamorro
en el centro de mi apellido habita la palabra AMOR
mi primer hijo, Adrián, lleva el amor en su nombre
mi último hijo, Iwami, también
¿se supone que debo hacer algo al respecto?
entonces saldré a la calle
a regalar un poco de poesía.

3 nov. 2016

Estas son las portadas de mis 6 libros publicados entre el 2000 y 2016

 Diseño: Melina Alzamora
 Diseño: Sarita Cartonera
 Diseño: Wilber Dueñas
 Diseño: Casa Katatay
 Diseño: Miquel Deya
Diseño: Yane Aramburu

Noticias sobre mi reciente libro de poesía.

Diario El Peruano, Suplemento Variedades
Diario Expreso
Diario Exitosa
Revista EnLima
Perú 21

Presentación de "La disciplina del silencio" para el diario El Comercio.


Video publicado por el diario y portal web "Publimetro" a nivel nacional sobre "La disciplina del silencio"

Reporte de diario La República.